Comprar vs. alquilar: cómo decidir con números
Para todo lo que usás seguido, comprar casi siempre gana. La duda real aparece con las cosas que usás de vez en cuando: un taladro, un traje para una boda, una carpa de camping. Ahí la decisión no es de gusto, es de matemática simple — y tiene un punto exacto donde la balanza se inclina para un lado u otro.
Taladro
Traje formal
Carpa 4 personas
El taladro es el ejemplo clásico por algo: la mayoría de la gente lo usa menos de 5 veces en toda su vida útil, muy por debajo de las 7,5 veces necesarias para que comprarlo compense. Terminás pagando 60 € por resolver un agujero en la pared que, alquilado, te habría costado 8. Con el traje pasa algo parecido si es para un evento puntual — pero si tenés una temporada de bodas por delante, cruzás el punto de equilibrio rápido y ahí comprar empieza a ganar.
Lo importante no es memorizar estos tres casos, es el método: cualquier cosa que uses ocasionalmente se puede evaluar con la misma cuenta. Si tu estimación honesta de usos futuros está por debajo del punto de equilibrio, alquilar o pedir prestado sale mejor. Si la superás con margen, comprar empieza a tener sentido — y ahí es donde entra pensar en el costo por uso de la compra en sí.
Para decidir del otro lado del punto de equilibrio —cuando comprar ya tiene sentido— usá la calculadora de costo por uso: te da el número exacto de cuánto te va a costar cada vez que lo uses, para comparar de igual a igual contra el precio del alquiler.